Textos


Del 2000 a la actualidad

JESUS MARCOS

En varias oportunidades me he ocupado del arte de Jesús Marcos. El destino, que se elude cumpliéndolo, quiere que vuelva a encomendarme esa grata tarea. La pintura y la música son artes afines. Recuerdo que cuando pintaba me daba ánimo e inspiración escuchar música. No he sido el primero. Sabemos que a Leonardo le encantaba escuchar el laúd mientras pintaba. De allí, algunos deducen la sonrisa de la Gioconda. La literatura también ha servido como argumento a las artes plásticas. Pensemos tan sólo en los Cristos y otros temas bíblicos como Adán y Eva.
Estas reflexiones vienen al caso ya que, aunque Marcos bautiza a una escultura como “Monumento Sonoro”, es a escritores con los cuales yo le siento mayor afinidad. No se trata de cualquier tipo de literatura. En el caso de Jesús, los maestros de la pluma que vienen a mi memoria son aquellos que ponen énfasis en el suspenso y el misterio. Tales, Conan Doyle o Raymond Chandler.
En el arte de Jesús Marcos yo detecto suspenso y misterio. No es fácil explicar a qué se debe ello. Sus visiones trasladadas al pincel son movedizas como su persona.
Nacido no por casualidad en Salamanca, 1938, arribó de niño a nuestro país y de allí en más fueron idas y venidas, vueltas y revueltas geográficas hasta radicarse entre nosotros.
Desde Castagnino y Berni, muchos son los maestros que reconoce, cercanos y lejanos. Tan saltarín como su persona son sus pinturas, perfectas en la precisión de formas y colores. Lo que intuimos es que siempre hay un más allá, algo que se nos oculta; siempre su mirada trasciende lo que vemos.
Esta última etapa de Jesús Marcos lo confirma en su condición de maestro de acento americano en una tradición hispánica. Yo lo reclamo como óptimo representante de la Escuela de Buenos Aires.

Rafael Squirru, Fundador y primer director del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.
Prologo para exposición individual Colección Alvear de Zurbarán Septiembre de 2010


JESÚS MARCOS: UNA RETÓRICA SENSUAL DEL ESPACIO

La obra ligada al plano de Jesús Marcos puede aceptar más de un encasillamiento. Expresionista, onírico-surrealista, barroca, de acentos pop, de una fragmentación neocubista. Las miradas, más allá de subjetividades, pueden asimismo acceder a ciertos acuerdos conciliatorios y aceptar que -por sobre fórmulas- lo que importa y trasciende es la formulación de la imagen y su tratamiento interno.
La pintura de Marcos está apoyada por una retórica sensual del espacio. Sobre ella, conceptualmente, su plano se multiplica. Ensambla ritmos, despliega fuerzas, logra acuerdos cromáticos y, finalmente, genera una inclasificable poética que es, en definitiva, la que integra sus valores plásticos con definida gestualidad. Porque sus pinturas (más allá de su relación con grabados, esculturas y cerámicas de una raíz común) observan ese otro lado del espacio real y virtual que, por sobre las propiedades de una imagen asociable, está regido por sus propios paradigmas.
El artista trabaja en torno a formas con substrato. Formas que, antes que por lo construídas, dejan traslucir un trasfondo fluyente, enigmático, muy propio. ¿Es ese controlado barroco lo que genera una sensación / sentimiento de lo arcaizante, de lo intemporal? Quizá, su retórica expresiva responda, antes que a códigos de visualidad, a cierto orden perceptual en que la síntesis rectora define y distribuye. Esto último se advierte claramente en varias de las composiciones de sus tres últimos años, trabajos que integran esta muestra.
Una semiosis de asociaciones rige ese orden y lo redimensiona en la fragmentación. En el espacio contenedor cabe así su capacidad para que lo asociable con un instrumento musical, una figura u otras formas transustanciadas, articulen un cosmos de vibraciones. En ese cosmos, en esa consistencia morfológica, está en gran parte la fuerza de su obra.
Graves, texturadas, ensambladas en apretados ritmos, con gamas saturadas de bermellón y azules dialogando con grises y ocres de clave intermedia, sus composiciones desarrollan una poética del plano. Una realidad que traspone lo ilusorio. Un aparente juego de espejos que se trastocan y revierten sabiamente sobre sí mismos. Ecos sonoros II (2006) devela un inquietante campo de fuerzas en que la energía perceptual deviene realismo. Suma de fragmentos, inserción de lo háptico, movimientos sugeridos.Estructura en blancos.(2005) incorpora memorias y genera esa particular sensacióin del orden que distribuye. O Estructura americana II (2007), descubriendo la precisa potencialidad de los blancos.
En cada campo de color de Jesús Marcos, emerge esa retórica sensual del espacio. Ese valor de lo estereognósico, de lo táctil; y a la vez, una suerte de evanescencia en el interludio sonoro de los ocres y las tierras -Figuras arcaicas (2005), Dos figuras (2004)- en que su paleta redefine y aquieta los valores.
Obra que entra en una posible estética de la evocación. Aquél segmento que, para Henri Bergson, sólo la inteligencia es capaz de buscar, pero que, por sí misma no encontrará jamás.Estas cosas sólo las encontraría el instinto, pero él no las buscará nunca.
Jesús Marcos, no obstante, penetra esos túneles y alcanza desciframientos que conmueven. Con su inteligencia, sí. Y con un instinto potenciado.

J.M. Taverna Irigoyen Presidente de la Academia Nacional de Bellas Artes
Miembro de las Asociaciones Argentina e Internacional de Críticos de Arte.
Prólogo para exposición en galería Coppa Oliver Arte, Buenos Aires, 2007


JESÚS MARCOS

Jesús Marcos ha realizado, hasta la fecha, una vasta producción, tanto en cantidad de obras, cuanto en diversidad de problemáticas abordadas.
Desde sus comienzos en los años ’60, donde la fragmentación se filtra en su particular universo figurativo -no exento éste de resonancias orientadas hacia la construcción cubista, por un lado, y la vitalidad expresionista, por el otro-, hasta las obras más recientes, Marcos ha explorado y experimentado dentro de su interioridad para configurar una imagen posible de su propia visión del mundo. En esa travesía ha pasado por las contaminaciones pop asumidas en su estadía en Nueva York, el interés por el surrealismo que lo aproxima también a la poesía, la introspección reflexiva y crítica de los años ’70 y la celebración de la pintura en los ’80 y ’90.
Observando su postura frente al arte, podemos advertir que nunca se ha planteado el ejercicio de la práctica artística como una carrera de superación de obstáculos, sino como un modo de comprender y expresar el mundo. Este propósito lo alcanza mediante unos pocos, pero profundos interrogantes, o tal vez uno que los contiene a todos: la incertidumbre del hombre frente a un mundo inasible, complejo, multiforme y fascinante. Incluso también podría afirmarse que el desarrollo de su obra no transita una dirección que apunta hacia adelante, sino que practica obstinados retornos sobre sí mismo. De esta suerte, no resulta desacertado pensar que una constante barroca y vitalista merodea por entre sus trabajos, ya sean éstos recientes o lejanos. Resultado también de esa actitud es su interés por el fragmento, que le permite demorarse lo necesario como para pensar y repensar si el tiempo que nos toca vivir puede entenderse en su dispersión o en su integridad. Con esta postura rehúye la idea de un mundo totalizador, poco operativa en nuestra contemporaneidad dado que este paradigma ya hace tiempo viene siendo cuestionado. El uso del fragmento, como estrategia de representación, deja de ser un mero recurso de efecto plástico para asumir una semántica vinculada con el desmoronamiento del paradigma universalista y de las significaciones absolutas.
Con la pintura, el grabado, la cerámica o la escultura, Jesús Marcos procura recomponer el mapa de la realidad, o, más bien, presentar en su complejidad el mundo que nos rodea. De este modo, nos propone un mundo donde la realidad pareciera surgir, evocada mediante juegos de relaciones plásticas. Sin embargo, a poco que interroguemos las imágenes con algo de suspicacia, podremos sospechar que, detrás de ellas, el artista pone en evidencia el complejo proceso que el pensamiento activa en el fenómeno de aprehensión de la realidad. En un breve pero sustancioso escrito para la presentación de la muestra que el artista realizó en la galería Soudan en 1993, ya Fermín Fèvre había advertido este juego entre pensamiento y representación a propósito de su obra, invalidando la inscripción de Marcos en la categoría de “realista” para acentuar el protagonismo del fenómeno de la percepción.
En efecto, en obras tales como el xilocollage Ecos sonoros, 112 x 145, de 2006, aparecen perfiles de violines en forma fragmentaria y yuxtapuesta, en combinación con otras presencias de diverso origen, -así como recortes de periódicos y planos abstractos intencionadamente texturados- que acentúan el carácter plástico de la representación. La obra propone un distanciamiento del mundo de lo contingente para asumir una categoría estética autónoma.
Por lo general, y no obstante esta valoración de lo perceptual y del juego esencialmente plástico, sus collages, pinturas y objetos escultóricos, se presentan como visualización de un pensamiento que sospecha ámbitos ocultos tras la apariencia de la realidad. Ese proceso reflexivo procura conciliar la aparente dialéctica entre lo “real cotidiano” y lo real subyacente a éste. Las derivaciones de escenas de circo, las evocaciones africanas, las estructuras y los ecos sonoros de los últimos tres años, son, posiblemente, figuraciones de nuestro propio universo real, sólo que en lugar de ubicarse en el nivel de las contingencias cotidianas, se inscriben en el plano de las realidades profundas, aquéllas que sospechamos y que la creación estética es capaz de descubrir y, acaso, descifrar. Es aquí donde nos parece conveniente establecer cierta analogía con las premisas del surrealismo en tanto éstas sustentan el ideario bretoniano fundado en la noción de realidad absoluta, concebida en su totalidad y no en la negación de la realidad en pro de una visión imaginaria.
Advertimos también que en las obras que se reproducen en este volumen, las técnicas de descomposición del objeto tienen una indudable filiación con las poéticas del cubismo con lo que apreciamos una actitud típicamente contemporánea: la libertad con que el artista entra y sale por cada una de las tendencias, movimientos o escuelas del arte moderno. En estas técnicas se vale de recursos tales como la fragmentación de las formas o la estructuración del espacio representativo mediante yuxtaposición de planos que adquieren valor protagónico. Por lo demás, son estos planos los que organizan los diversos campos cromáticos definidos por barrocas combinatorias tonales. Éstas buscan una cuidadosa armonía en la articulación de luces y sombras y marcan el carácter conceptual de la práctica artística.
En cuanto al retorno a las imágenes africanas de sus trabajos más recientes, se trata de una búsqueda formal que le permite volver a las fuentes mismas de la expresión visual. Esta vuelta, que se da como valoración de lo planimétrico, le posibilita salir de lo atmosférico, entendido como ambientación espacial al modo impresionista, y regresar al plano que es para Jesús Marcos una premisa ineludible. De esta manera, al anular la ilusión de espacio, lo que excluye es la idea de distancia, de medida y, por consiguiente también, de vacío. El artista postula la vigencia de un espacio mental aprehendido desde el territorio de la imaginación, con lo que llega a la creación de una nueva realidad, autónoma y sugestiva, no sometida a las normas de la mimesis. Así, la realidad evocada en sus obras toma distancia de la realidad contingente.
Atentos a la importancia que en la representación de las imágenes de Marcos tiene el principio de incertidumbre que Baudrillard ha desarrollado con acierto -y que está planteado, como lo apuntamos precedentemente, en el alejamiento de la mimesis, en la fragmentación, en la ambigüedad, en la inestabilidad, en el desequilibrio y en el desborde - podríamos arriesgar una interpretación desde las actuales perspectivas del imaginaire. Éstas proponen una alternativa a las visiones de corte racionalista por lo que sugieren una lectura del mundo y del hombre atenta a las zonas oscuras del subconsciente y de la imaginación simbólica, fiel al cambio de paradigma epistemológico que rige en la actual interpretación de las ciencias humanas. En este sentido, pensamos que las propuestas de Gilbert Durand vertidas en su ensayo titulado La imaginación simbólica son válidas para comprender la postura de Marcos, en tanto el autor se ocupa allí de la dimensión simbólica de las grandes constelaciones de imágenes que el hombre forja del mundo.
Por lo demás, presencias de filiación surrealista, cubista, expresionista, neofigurativas -centradas éstas en la barroca exuberancia de la composición y de la combinatoria de recursos plásticos-, alientan en las obras de Jesús Marcos como si se tratara de una actitud “migratoria”. Ahora bien, ante esta pluralidad discursiva típica de una época como la que estamos viviendo, atenta a las relecturas y los revisionismos, estamos más aptos que nunca para dimensionar el valor de la multiplicidad que busca conciliaciones expresivas, sin caer en el recurso fácil de ver en ella una simple y reductora idea de eclecticismo.
Asimismo, creemos oportuno destacar que Marcos es de esos artistas que saben interpelar al espectador recurriendo a representaciones donde el reconocimiento de la imagen está velado por una compleja trama de relaciones entre las formas. De esta manera sugiere una mirada atenta que propone al espectador un espacio de múltiples sentidos interpretativos. Tomando en préstamo las palabras que Umberto Eco utilizó para explicar la complejidad narrativa de James Joyce en su ensayo Seis paseos por los bosques narrativos, podríamos explicar el proceso de Jesus Marcos afirmando que su obra es una “máquina perezosa” que obliga al espectador a hacer parte de su trabajo.
Así se advierte, por ejemplo, en sus temas de acrobacias circenses donde lucubra sobre la noción de juego, de ilusión, de desafío, en obras que representan el cuerpo humano desde una idea de fractalidad, de dispersión, como si hubiera un encarnizamiento contra la figura humana, que no es menor que su fascinación por las texturas y sus propiedades táctiles o visuales.
Con todo esto configura realismos que podríamos llamar “de nuevo cuño”, similares a aquellos desarrollados entre los años ’30 y ‘50, por compartir con ellos la idea de lo inquietante y perturbador. Y aquí llegamos a uno de los puntos nodales que vemos en el artista: el que concierne a la noción misma de “realismo”. Desde las uvas de Zeusis hasta hoy, mucho es lo que se ha debatido y, a partir de Platón que oponía la realidad verdadera a la pura apariencia, ríos de tinta han corrido en torno a la cuestión, removiendo, una y otra vez la vieja controversia sobre el arte figurativo: la de la imitación. En este aspecto, Franz Roh, en una época de crisis como la actual, en la que Europa asistía al desmoronamiento de sus valores, acuñó, en 1927, el rótulo de “realismo mágico” que entendemos aplicable al pensamiento de Marcos. En ese trabajo leemos: “La pintura siente ahora -por así decirlo- la realidad del objeto y del espacio, no como una copia de la naturaleza, sino como una segunda creación” (*). Desde luego, esta enunciación no dista demasiado de las poéticas del surrealismo -al que hemos hecho referencia al comienzo de este texto- dado que se enmarca en un mismo espíritu de época.
En relación al collage, resulta interesante detenerse en cómo J.M. incorpora esta técnica en sus obras. De acuerdo con testimonios del propio artista, fue en México donde comenzó a trabajar con ese recurso, pero fue en Nueva York donde descubrió sus posibilidades expresivas para representar el mundo circundante. Según sus propias palabras: “estos collages fueron en buena medida los que me permitieron ver la imagen como fragmentos de la realidad y me dieron esa libertad de ordenar el mundo del cuadro según la necesidad de éste y no del mundo descriptivo y lineal”. En este sentido, también su encuentro con el cine de Einsenstein y la técnica del montaje le abrieron el camino hacia la construcción del relato quebrando con ello la lógica habitual de la linealidad narrativa.
Por su parte, el vínculo que establece con el universo de lo poético enriquece esta búsqueda de ruptura con el orden lógico. Con ello, Marcos se inscribe en una de las expresiones más inequívocas del arte contemporáneo: la del mestizaje entre géneros artísticos; así, las artes plásticas y la poesía comparten territorios comunes, siendo lábil su frontera. El interés del arte actual por la poesía alumbra una experiencia estética capaz de crear fértiles imaginarios de lo potencial. Cuando Marcos dice: “Armo mis pinturas como se arma un poema, imágenes-palabras que van configurando una realidad, un clima, una sensación, un mundo. Las imágenes se despliegan en la superficie de la obra, no narrando, sino nombrando, nombrando mundos que se entrelazan con los elementos pictóricos hasta formar un todo inseparable”, proclama, en realidad, el hecho estético como fenómeno autónomo capaz de enunciar un mundo independiente.
Marcos busca en la poesía un territorio en el que anclar su lenguaje y ampliar su conciencia. Así, su obra, despreocupada de la tradición de la mimesis y de espaldas al gran relato iconográfico, asume un proceso de refundación lingüístico capaz de proclamar una realidad nueva e inédita.

Malena Babino Prologo para libro-catalogo de la exposición en el Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericáno de la Plata. 2007
(*) - Roh, F., El realismo mágico. Postexpresionismo, Madrid, Revista de Occidente, 1927, citado en Realsimo. Franz Roh y la pintura europea, 1917 – 1936, catálogo de la exposición homónima, IVAM, Valencia, 1997.


Jesús Marcos - La estampa a mano, creando una placa-relieve en madera

Jesús Marcos se expresa en pintura, escultura y estampa. Sus destacadas obras en éste ultimo territorio son personales xilografías, grabado hecho con una placa de madera. Si lo habitual es que el autor cree formas en la placa o taco de madera, en el caso de Marcos el trabajo se desarrolla como una proeza de cortes, tallas y collage dando como resultado el medio para su estampa a la par que bellos relieves. Recién a partir de ahí el artista hará sus propias impresiones de sus originales numerados –cada impresión requiere un proceso: preparación del papel, entintados, detallado, ajustes, fieltros, prensa, limpieza de la placa…, reiniciar.
La estampa, apellido para todas las hermanas técnicas de grabado, permite al artista expandir su contacto con el público, haciendo un pequeño conjunto de originales numerados a partir de una sóla de sus imágenes. El proceso es trabajoso, lento y dedicado, por lo que el autor siempre prefiere hacer tirajes cortos para dedicarse a la creación de la siguiente nueva imágen, como es propio del espíritu de un artista. Hay quienes dan a imprimir las obras por no saber el proceso; quien conoce profundamente la estampa, la valora y atiende personalmente. Jesús estudió estampa en México con maestros notables y ha hecho culto de ella, como lo demuestran estas cuatro obras que integran la presente carpeta.
Un juego de planos y texturas que en nada pueden alimentar, la idea de una imágen mecanizada. Cada impresión es una, dedicada, expresiva, prolífica en sus motivaciones al espectador. Los blancos y negros argentino-intelectuales y los verdes latinoamericanos ceden en parte su espacio a algún café y rojo, que se filtran por las recientes exposiciones en la Península. La elegancia europea siempre está presente en su obra, más aún en las piezas concebidas especialmente para La Haya, una ciudad real.

Graciela Kartofel, Prologo para carpeta “Pequeña música nocturna” conteniendo 4 grabados realizada para Rabobank- Buenos Aires- Holanda, Nueva York, 2003


LA PINTURA COMO LENGUAJE SINBOLICO 1992-2002

En la trayectoria artística de Jesús Marcos pueden comprobarse ciertas constantes del lenguaje plástico que se expresan dentro de un sistema de imágenes . La disponibilidad de las conquistas visuales de las vanguardias le ha permitido hallar las resoluciones pictóricas adecuadas para expresar una realidad simbólica en base a un concepto estético donde la verdad y belleza se presentan como paradigmas. El desarrollo de su lenguaje nos permitirá ver como se afirma esta visión personal a través del tiempo. En la generación de los años sesenta del arte argentino -a la cual pertenece Jesús Marcos- aparece la neo figuración que va a integrar el lenguaje plástico de los diferentes “ismos” de este siglo, y crear un nuevo modelo representativo del hombre. Renovando el concepto del imaginario social de las contraculturas, después de Vietnam, se puede considerar esta tendencia de la figuración como una reacción romántica y un acercamiento mas critico de la realidad de postguerra. Esta coyuntura no solo de un tiempo histórico, sino de un código visual epocal, va a posibilitar nuevos modelos identificatorios figurativos dentro de las variantes surgidas en este periodo. En estas búsquedas expresivas las raíces hispánicas de Jesús Marcos retornan al “corpus” de su pintura, me refiero a la calidad materica de su obra que prima sobre el carácter puramente visivo de la misma, para transformarse en una realidad corpórea, textural, aptica, como la definiera el crítico e historiador Bernard Berenson. Este parentesco con la materia por un lado, y el acercamiento directo a la realidad por otro, concretara su posicionamiento ante la pintura. Este contacto con la realidad al iniciar cada serie será constante, así lo vemos en el caso de los trabajos de gran tamaño como “Cocina criolla” (1996). Estas obras, en su cruda realidad, nos permiten constatar la pertenencia a dos horizontes culturales: el hispánico y el argentino. A pesar que toda su pintura está sustentada en la tradición universal y alimentada en una cultura cosmopolita que lo incluye en la escuela de Buenos Aires -al decir del crítico Rafael Squirru- su obra ha tenido una particular formación dada su residencia casi permanente en una capital de puerto abierta a las corrientes europeas a través del Atlántico. Arraigado en un oficio de maestrías, trabajo y estudio con uno de los grandes pintores argentinos como Juan Carlos Castagnino; mas adelante va a completar esta formación durante las estadías que hiciera el artista en México, Nueva York, y más tarde Paris.
Jesús Marcos desarrollará a posteriori un lenguaje que lo va a caracterizar en el contexto de la plástica argentina. Su naturaleza visual se centrara en una fuerte noción de estructura basada en la descomposición de los objetos y figuras humanas. Esta imaginería será resuelta en una atmosfera y clima tonal de densa emotividad.
El ciclo que comprende esta exhibición que expondrá en España en la ciudad de Salamanca es de un periodo concebido en estrecha relación con la realidad socioeconómica y cultural de la Argentina, donde el artista ha residido; esto indudablemente influyo notablemente en su obra. El desencadenamiento de una realidad por demás dramática y plena de incertidumbres vividas por este país ha sido el resultado de años de corrupción y trasgresiones constitucionales. En este periodo de incipiente democracia, los ciudadanos librados a su falta de trabajo, justicia y asistencia perdiendo poco a poco sus derechos.

SERIES: La música y escenas circenses

Esta realidad esta simbolizada en la obra de Jesús Marcos a través de un lenguaje donde los objetos y seres humanos se ven dislocados, asumidos en ese vaivén descompensatorio en la búsqueda inquietante de un nuevo “locus” o lugar. Esta falta de ubicuidad puede analizarse en la obra como un registro de equilibrios y desequilibrios compositivos. Un balanceo constante y sostenido de la representación de estas imágenes se percibe desde el sentimiento de incertidumbre. Se podrá constatar esta situación de mutaciones en las dos series de trabajos expuestos y seleccionados para esta exhibición como las series de La Música y las Escenas Circenses.
La manera compositiva del nuevo realismo Francés se visualiza a través de fragmentaciones y acumulaciones, respondiendo a una idea e intención plástica de deconstrucción. Esto le otorga a Jesús Marcos la libertad de poder armar un nuevo escenario pictórico. El sentido de descubrir y plasmar no solo el conglomerado objetual, sino también imágenes del cuerpo humano que irán apareciendo en fragmentos hasta su total despliegue, ha sido resaltado visualmente como un relato entre realidad y ficción. Una mano, un brazo, una pierna, asoman entre apretujados envoltorios a la vista. Estas composiciones sujetas a un sentimiento de percepción de lo real se abren al espectador en un espacio rebatido. Cacharros, papeles impresos, pomos de colores, telas drapeadas, son concebidos dentro del lenguaje simbólico. Estas convenciones en el campo de la pintura son concordantes con la realidad que el artista quiere expresar. La antropomorfizacion de los objetos es notoria, recordamos los zapatos de Van Gogh, en cuanto a la proyección viva del cuerpo ausente, y a la vez el color-símbolo en la expresión de la materia articulada con el pincel hasta la consecución de una atmosfera de real presencia.
En “Músico impetuoso” (1995) los planos son contenedores de los fragmentos ubicados en el espacio virtual; ellos anuncian la caída a un espacio atmosférico de ingravidez cuyo clima de fuerte densidad se iba a exacerbar de allí en adelante. Así en “Músico apasionado” vemos la ruptura compositiva que inicia nuevos ordenamientos espaciales donde la figura humana se desarticula junto a objetos reconocibles de uso cotidiano. Las carnaciones texturales de los violines, como se ven en “Espacio ocupado”, de 1995, adquieren un viraje de materia alterada, aglutinada en la forma del objeto reconocible. Esta transformación de la materia se va acentuando en los xilocollages, y en otras composiciones donde se manifiesta la metamorfosis del objeto.
Las figuras circenses aparecen en el periodo 1997 a 2002. En 1999 realiza una muestra en la galería Palatina, en Buenos Aires donde expondrá una serie completa sobre esta temática. La carga emotiva de estos personajes que se mueven en la pista curva del circo, donde se sitúan trapecistas y equilibristas, es concebida con un peso y organicidad propia, independiente del objeto representado. La pintura toma así un protagonismo jerárquico, al ser ella en si misma otra realidad, más fuerte que la representación. Escapa así el contemplador del referente, del motivo que le dio origen, para adquirir una presencia viva y orgánica en la realidad pictórica. Lo pintado se abre al espectador, se muestra desplegándose sin atajaduras, abandonando la contención rígida de la voluntad geometrizante. Lo pintado muestra los pedazos de carnadura en una crónica despiadada y romántica de un asesinato. El hombre y la mujer son emergentes de una sociedad en crisis. Se desvanece la idea y el concepto de absoluto, de permanencia. Esos seres balancean sus cuerpos sobre el espacio vacío donde aparecen grandes sombras proyectadas.
En la serie de la Música se irá desarrollando otro concepto de lo real en cuanto a la organicidad biomorfica de las figuras enredadas en paquetes.
“Trilogía ocre” es un tríptico que ejemplifica esta verdad en forma de columnas humanas. Las posiciones de las figuras incitan a otorgar libertad a esos seres, en estado de latencia o germinación. Aparecen columpios y columpiantes, envueltos en climas de sombras y virajes de luces azuladas. Estas figuras desplazadas indican el malestar de la cultura, la alienación y la marginación social cada vez más creciente en las grandes urbes. Esta realidad angustiante que vive intensamente América Latina por su condición de subdesarrollo y políticas dependientes, se expresa como situación emergente de la sociedad actual.
Estas imágenes simbólicas que pudimos apreciar en la obra de este periodo de Jesús Marcos así lo demuestran.

GRABADOS

Este texto sobre la obra grafica, que complementa el texto sobre pintura, fue escrito por Rosa Faccaro a partir de la muestra “25 años de Dibujos y Grabados” en el Museo Sivori de Buenos Aires en abril de 2001.
La muestra de Jesús Marcos realizada en el Museo Municipal E. Sivori señala la importancia que tienen las disciplinas del dibujo y el grabado en su obra.
Este artista dibujante, grabador y pintor pertenece a la década de los setenta. Inscripto en la figuración postsesentista aportara nuevos cánones visivos dentro de los realismos críticos. El amplio espectro que constituyen las numerosas piezas presentadas de una retrospectiva de más de 30 años, nos ayuda a ver la relación existente entre ideas graficas y el pasaje de esta exploración con tintas y papel en el campo de la pintura.
Podemos apreciar que este circuito visual tiene su genealogía a partir de los primeros dibujos y grabados que corresponden a los periodos de México, de Nueva York y de Paris, que toman el periodo de una decada66/77, catalogados por la curadora Silvia Marrube en el Museo Sivori.
La relación que el artista mantiene con el pintor Rodolfo Krasno en Paris y las construcciones de esculturas blandas de papel ensayadas por el van a contribuir a consolidar las experiencias realizadas por Jesús Marcos en fibra de papel con la técnica del gofrado profundo. En Nueva York el artista establece contacto con el Pop Art, al convivir con la época de las figuras paradigmáticas de esa tendencia donde la grafica constituye uno de los medios de impresión para sus ensayos seriales como los procedimientos serigraficos o de “silkscreen” En estos dibujos y grabados de Jesús Marcos se ve el posicionamiento figurativo y las influencias de los circuitos artísticos hegemonizantes de los años setenta tanto en Argentina como Europa. A nivel nacional se gestaba un movimiento independiente paralelo a los de estos centros hegemónicos, en especial el atípico informalismo argentino y la Nueva Figuración compuesto por Felipe Noé Rómulo Mccio, Jorge de la Vega y Ernesto Deira.
La influencia del pop americano y la fuerza grafica del arte popular en México van a culminar con una interacción fructífera en la obra de Jesús Marcos; estas influencias darán nacimiento a un modelo de armado y montaje de la imagen, con interesantes aportes personales donde el artista se dirige hacia una nueva construcción figurativa.
La pluridimensionalidad tomada del concepto cubista espacial y los desplazamientos rotativos de la figura humana en el multiespacio virtual serán el sistema constructivo que el artista adoptara en toda su trayectoria plástica. La figuración extraída de la construcción automática de la gestualidad europea, en lo que se dio en llamar informalismo gestual, capitalizados por el movimiento Cobra, aportara la escritura y elisiones automáticas de la surrealidad para dislocar una figuración desmembrada que nadará en un espacio multiforme.
Los primeros grabados realizados en México, denominados “The big City” (1966), presentan ya determinadas características. Esta serie de dibujos y la relación con la nueva figuración, en especial con Ernesto Deira, va a denotar un código común de época y de cultura visual característico de esa década, pero con distanciamientos individualizantes. Vemos en las tintas ovales rojas y negras un denominador común de la imagen automática derivada de la nueva figuración a manera de nonatos humaniformes.
Esta figuración sufrirá más adelante modificaciones que pueden ser analizadas dentro de un método estructural. En la obra reciente de Jesús Marcos las figuras entre bambalinas circenses presentan las mismas elisiones y encajes de antaño. Los miembros aparecen desarticulados, forzados y dislocados. La atmosfera es más densa y oscura, con mayor misterio, que procede de una sospecha surreal.

DESDE LA MATRIZ DEL GRABADO

Con un trabajo a manera de la técnica del collagraph, que el artista denomina xilocollage, armado con la técnica cubista del ensamblado, realizado con teclas y objetos pegados en la plancha xilográfica, Jesús Marcos retoma el mismo procedimiento que en la actitud compositiva de la pintura. El objeto escultórico (ensamblado) constituirá ahora una especie de objeto que luego va a ser utilizado como matriz para sus gofrados, grabados en relieve, estos constituyen piezas únicas y adquieren un aspecto independiente.
Esta base realizada sobre una plancha producirá en la impresión, realizada bajo prensa con un papel húmedo bastante grueso y flexible, una apertura a una técnica de gofrado de sumo interés grafico. Estas especies de relieves texturados con tintas de imprimir, muestran facetas de extrañas derivaciones visuales.
Fragmentos unidos por esta mezcla de aglutinamiento humano y de restos urbanos, que nos hablan de una humanidad rota. La aglutinación de los fragmentos aparece como campo de observación para ver en esta realidad a una sociedad en la medida del desgaste, de la rotura, del arreglo, de las partes recompuestas por un acto creativo, pero que siente el peso de las rupturas de “chock”
El proceso de globalización se manifiesta como desarraigo, una dislocación de una sociedad que rompe con un orden de valores establecido para realizar un cambio irreversible; esta sociedad siente los efectos compulsivos de un sistema económico y político devastarte.
En la obra, las sombras(aquello que indica una presencia protagónica) se manifiestan con una fuerza inusual. De la misma manera, las figuras cabeza abajo nos muestran el desequilibrio de la figura circense en el columpio roto, quebrado, donde las piernas van cayendo con un peso gravitatorio sobre la pista.
Las figuras recientes que también aparecen en sus últimas pinturas, señalan una especie de escenario trágico, desmembrado, confuso, aglutinado. Es el ser humano por excelencia quien lo sufre, y la figura femenina asume un rol casi protagónico en todos los casos, como si su cuerpo pudiera ser la representación de un emblema.
La política nacional con sus quebraduras y escisiones no ha podido asumir este fenómeno de separabilidad, de atomización de una cultura, de un país.

LOS NUEVOS AGRUPAMIENTOS. LA VISION CIRCENSE

El circo es un pretexto para poner en la pista a los personajes que asumen el estado de incertidumbre. Las últimas obras aparecen mas sombrías, pero sumamente enriquecidas por los aportes que el mismo proceso del grabado pudo otorgarles. Es así que las nuevas series de sus recientes trabajos muestran un poder de condensación dramática. Los fragmentos humanos se muestran apretujados, con un peso de gravedad que está provocando una caída en suspensión, sostenida por grandes tensores dispuestos en el espacio. Abajo las sombras alargadas representando el imaginario social penetran en la pista como escenario de la vida, esperando algún acontecimiento: esa zona aparece ponderada en la obra.

Rosa Faccaro. Crítica de Arte. Prologo para el catalogo de la exposición itinerante realizada en Palacio de la Salina, Salamanca, 2002 - Centro Cultural “Gaya Nuño” Soria, 2003 - Centro Cultural del Capítol, Cáceres, 2003 - Centro Cultural de Caja Duero, Palencia, 2003, todas en España


JESUS MARCOS

La obra de Jesús Marcos impresiona por su versatilidad, dominio de la técnica y una personal configuración de su imaginero que soporta, en la misma imagen, la pesada carga de la tradición visual de Occidente, al tiempo que realza detalles, ángulos de enfoque y -en una perspicaz apropiación- drena elementos que están cargados de historia reciente y los trasvasa en otro Recipiente.

La búsqueda como punto de arribo.

“Uno usa el ojo para reconocer el entorno” * -afirma-: su captación va del todo al fragmento y de éste retorna enriquecido: nunca la totalidad de la tela volverá a ser la misma, alterada por la historia propia y circundante. A la realidad cortesana, si por ella entendemos la palaciega/periodística, Marcos opone con deliberada astucia y tino, cosmogonías, donde corteja lo imaginario.
Marcos ataca la tela en blanco según ciertos automatismos aprendidos en su etapa formativa, pero ahora incorporados: así, extender las capas de pintura constituyen un acto de libertad mostrado en formas, planos e improntas que pronto serán cubiertos y usados como guías –a la manera de un creativo constructor, que usa las alternancias del terreno- para, sobre él y por él, erigir su imaginaria morada temporal: el cuadro.
“El arte es provocador de mundos”, dice Jesús Marcos mirándonos con ojos brillantes, al tiempo que su mirada va mas allá en el pasado, y se proyecta en el futuro.
Somos para él –y está bien serlo– una instancia de lo provocativo: el creador seguirá con su barreno horadando una instancia captada tras otra, ahora y por fin no más que juego de apariencias colmado de suscitaciones.

El pintor y el mundo.

Concede mucha importancia a lo social, aunque ello no esté puesto en primer plano: más bien su juego reside en disimularlo bajo imágenes de saltimbanquis o tramoyistas, que, como residuo de elementos marginados en lo social, encapsulan quizás la figura del artista como un desclasé, un marginado que, al tiempo que toma apuntes, es sujeto de ese mundo que va perdiendo significado y profundidad.
Las coordenadas se modifican, tornan vectores o realizan pasajes de identidad en la medida que el factor expresivo lo requiere. Marcos, en ese sentido es ocasionalista, pues evalúa y describe como valorizables sólo aquellos elementos que cada uno pone en la tela: los nombres de las cosas atienden a lo que el posible espectador ponga en ellas, un sensible alfabeto visual.

Encastres.

Marcos traza mapas anatómicos cuyo encastre es ficcional, haciendo que los espejos concuerden y desacuerden según la tónica del assamblage, disciplina esta que le llega por dos vertientes: -la de su fuerte filiación visual cinematográfica, con predilección de Eiseinstein, donde la sucesividad correlaciona los planos: se opera por montaje, maniobra esencialmente diferente a la practicada por el cubismo; -la narrativa no lineal: la presencia de Maiacovsky, o relatos de Pavese son sus referentes, donde el presente es ‘sucesivo’ pero compuesto de mosaicos.

Visión histórica.

Pueden distinguirse en Jesús Marcos:
a- etapa de estudiante, signada por la búsqueda, que abarcaría hasta el 66.
b- “de los seres atrapados”, o etapa mejicana, va del 66 en adelante. Aquí se produce un achatamiento de los planos que luego han de desplegarse en volumen.
En ese camino hacia la abstracción, confluyen dos líneas
- el organicismo.
- el informalismo.
c- la tercera etapa que podríamos llamar la de las naturalezas muertas, se cierne del 76 al 82. La fragmentación cobra otro giro, se integra el interior del taller, al tiempo que la figura del pintor va desdibujándose.
d- en esta 4ta etapa se adentra Marcos en su taller, caracterizándose por ciertos objetos talismanes o amuletos, como los zapatos, por ejemplo.
e- esta nueva etapa, que se extiende hasta el 96, es de ocres y cálidos, música atemperada.
f- 6ta y última etapa, que llega al presente, se expresa en imágenes de circo, por ejemplo, que le permiten plasticidad y elegancia.
Puede entonces afirmarse que en él, superada la sólida instrucción formal recibida de Juan Carlos Castagnino, se afirma la lucha entre los marcos conceptuales y constructivos. La abstracción y una reconocible figuración no son para él antitéticas, sino modos o instancias de expresar la realidad.
Lo enraizante –valga la redundancia- es la realidad, pero lo recogido en sus vastos itinerarios, tanto interiores como exteriores, es romper lo narrativo y tender al todo. Las figuras no se cierran sobre sí mismas, no ocluyen lo territorial de la tela pues estarían limitando su aposentamiento. Su búsqueda no es meta, sino principio, y en esto respeta el origen medioeval de la uni-versitas. Las capas de la obra se suceden y superponen como manos de barniz, donde la técnica ha ido eliminando maquillajes, superficialidades, para arribar a un destino que opera, paradójicamente, como punto de partida.

Nadie escapa a su destino.

Marcos traza y dispone en sus lienzos un imperio territorial, que más que semejar, constituyen una onda perceptiva, y la construyen, en tanto parte de cero y procede por contracción y expansión de la imagen.
La figuración son signos, nos dice, y esto implica una postura primariamente anti estetizante. Quizás pudiera hablarse de una figuración trágica, donde cuerpos, elementos , etc. están, o son cortados, y trozados. Este desmembramiento se corresponde con la voluntad de aunar aquella anterior visión, con su exploración planimétrica, que termina suturando invisibles heridas. De cualquier manera, la cicatriz entre figuración y abstracción muestra si no cura, cauterización.

Conclusiones.

A medidas que los años transcurren, el preciosismo va cediendo, acucia la búsqueda de síntesis. Es muchos pintores en uno, y esto es irreductible. Los dibujos y grabados que aquí se muestran son semillas, gérmenes y al mismo tiempo expresiones puras de un pintor cuyo oficio ya es consumado. Marcos ha alcanzado cuño propio y las secuelas –o más bien estelas– de su constante y calmo frenesí creativo es dable constatarlo en los renovados bríos que pone en nuevas experimentaciones, tornados caminos alternativos de su maestría. Esto revela, más que una actitud, una cosmovisión implícita, de la cual las telas constituyen sólo islotes de un archipiélago frondoso y exuberante.

* La letra en cursiva indica que las frases son de Jesús Marcos.

Osvaldo Mastromauro. Prologo exposición “35 años de dibujos y grabados” Museo Sivori, Buenos Aires 2001


Jesús Marcos: 35 años de Dibujos y Grabados

Jesús Marcos presenta en esta ocasión en el Museo Sivori una exposición retrospectiva de sus dibujos y grabados. El objetivo del artista es mostrar la transformación tanto temática como plástica de sus obras. Podemos hablar entonces de diferentes etapas a lo largo de su producción.
La primera de ellas comienza con su viaje a México gracias a una beca del Fondo Nacional de las Artes y se extiende desde 1966 hasta 1972, trabaja allí por primera vez con grabados sobre planchas de metal pero fundamentalmente se dedica al dibujo, así surge la serie “Seres atrapados” utilizando temperas, pasteles grasos y tinta chinas, a mitad del camino entre el dibujo y la pintura. A fines de 1966 aparecen los marcos ovales y lo que será identificatorio en la obra del artista, su manera de componer a través de la acumulación y el fragmento. En este mismo periodo da inicio a otra serie “The big city” anterior a su estancia en Nueva York. En ésta los fragmentos se recomponen más libremente y en forma más abstracta y emergen los elementos que hacen referencia a la gran ciudad. En 1968 viaja a Paris y trabaja con xilocollage, ensamblados y grabados en relieve, que dan origen a la serie de los “Paisajes urbanos” y es aquí donde mejor se observan las huellas de su estadía en la ciudad americana, especialmente en el uso de tintas planas y en la influencia de la grafica, ambos recursos típicos del “pop”. El empleo de la técnica del grabado en relieve no fue una enseñanza de su maestro Berni, sino del que fuera su amigo en París, Rodolfo Krasno. Es el comienzo de los años setenta y ya se insinúa la ruptura del borde externo del marco.
La segunda etapa coincide con su retorno a Buenos Aires, a fines de 1972. Trabaja con las series de los interiores y “Al abrir la puerta” en las cuales entabla un juego onírico y que como el mismo declara “Un cuadro puede estar bien resuelto pero si no logré el clima que busco no está terminado” Esta etapa es sumamente productiva en dibujos y en serigrafías, muy pictóricas estas últimas y donde a la manera cubista predominan los diferentes puntos de vista del objeto, rompiendo la idea de un punto de vista único y privilegiado.
A partir de 1975 desaparece la figura y surgen los “Paquetes atados”, botas y zapatos y es el periodo donde mas se siente la influencia de sus maestros Castagnino y Berni, en especial este ultimo para quien la pintura era un arma de cuestionamiento. Para Marcos la idea era vivir lo que estaba pasando y de esta manera el entorno terminó por borrar a la figura y “aunque ésta esté ausente, estos objetos de uso cotidiano ya no son naturalezas, sino objetos humanos fabricados por el hombre y que terminan ocupando su lugar”
En la siguiente etapa es abordado el tema del autorretrato, que se transforma en otro tópico conocido como el artista en el taller. Aquí del orden compositivo original, emerge la imagen fragmentada, primero como forma y luego como objeto, que se arma gracias a un elemento unificador, en este caso la luz.
La cuarta etapa comienza en los años 90, más específicamente abarca de 1992 a 1996 y se centra en el grabado. Por un accidente re recluye en su taller y uno de sus hábitos es trabajar con música. Así se origina la serie de la “Música” pero son solo sus instrumentos los que aparecen, la figura del interprete surge casi al final de la etapa en 1994 con obras como “Estudio para un ensayo de tango” o “Músico apasionado”
La etapa final que nos presenta el artista se extiende desde 1997 a 1999, solamente hay un dibujo que es que da origen a la serie “Personajes desplazados”, el resto son grabados. El tema del circo le da la posibilidad para trabajar la figura humana con gran libertad. A su vez el personaje del equilibrista le sirve para dar coherencia a una idea, la de los seres desplazados donde su existencia parecería depender de un delicado equilibrio.
Marcos se define como figurativo, “Fundamentalmente me interesa la realidad…. Una conjunción de elementos, sensaciones, emociones, pensamientos y búsquedas que naturalmente deben coincidir con otra realidad que es la pintura”.
Dentro de las muchas variantes de la nueva figuración el resultado es una suma de diversos factores que convergen en lo que sería el estilo de cada uno” sin embargo esta visión de la realidad aparece fragmentada , discontinua, donde el fragmento, la acumulación, la perdida de estabilidad, la dificultad para recomponer la imagen nos hablan de otros lenguajes, crean otras realidades diferentes a las percibidas, y en definitiva también aluden a nuestras propias crisis contemporáneas. Pero el artista no pontifica ni determina, su discurso queda libre en sus posibles receptores y como en el cine de Einsenstein, otra de sus influencias, la yuxtaposición de las imágenes dará como resultado otra imagen en la mente del espectador que es la idea, lenguaje sutil del arte.

Silvia Marrube. Texto para muestra “35 años de dibujos y grabados ” Museo “Eduardo Sivori”
Buenos Aires, marzo de 2001



Década del '90



LAS PINTURAS DE JESUS MARCOS

Jesús Marcos es un pintor admirable, más de una vez lo hemos manifestado así y hay que reiterarlo ahora con motivo de su nueva muestra. Esta es una de las mas cumplidamente felices para caracterizar el siglo que termina, porque a través de figuras circenses este artista logra metáforas de enorme impacto, que más allá de él permiten un múltiple desarrollo metafórico. Dueño de una técnica perfecta, Marcos moldea los cuerpos a su antojo – tal como lo está haciendo con los nuestros la Historia – y en el humano rompecabezas estético, se presiente la angustia, solo que atemperada por la belleza de los soportes de exquisito cromatismo. Engañosas como pocas las pinturas de Jesús Marcos encierran en sus argumentos visibles tantas verdades como las que deseamos encontrar, tanto en el arte como en la vida.

Albino Diéguez Videla Diario La Prensa Buenos Aires 1999


LA PINTURA DE JESUS MARCOS

Jesús Marcos no necesita dar un examen cada vez que expone, resulta a veces poco valido decir que de nuevo hay una cosa que sorprende, y lo que pasa es que Jesús Marcos vive investigándose, vive descubriendo que posibilidades tiene él como pensador del Arte y como realizador del Arte y yo creo que el gran milagro de esta muestra es la generación de los espacios, casualmente él que trabajó siempre con acoplamiento del ser humano, pies, zapatillas o pelotas, o lo que fuera. En este momento trabaja con personajes de una suerte de circo imaginario que supongo que consciente o inconscientemente se refiere al hombre del mundo actual. Este personaje está colgado de trapecios, o se rompe, se enreda con otros personajes en algún lugar y lo sorprendente es que eso está rodeado con un espacio no virtual sino un espacio tangible donde uno puede meter las manos, es decir creo que el gran hallazgo de Marcos en esta oportunidad es ese.
La muestra es excelente porque se cuelgan muchas piezas y puede suceder que algo interese y otro no. ¡No! aquí interesa todo, creo que la muestra es valiosa para quienes quieran ver buena pintura. Marcos es un hombre que está representado no solo en Museos Argentinos, sino en muchos Museos del exterior, es un hombre que ha estado desde muy joven, vinculado a muestras internacionales. Entonces su obra tiene una prosapia, tiene una jerarquía, tiene un valor que no necesita, reitero, estar rindiendo examen, sino que siempre él hace algo más, se acerca a una variante nueva de sus posibilidades plásticas.

Enrique Gené, Radio Nacional 1999 a propósito de la muestra de Jesús Marcos en Galería Palatina.


EL DIFICIL EQUILIBRIO DE LO HUMANO

Hace unos años, la pintura de Jesús Marcos nos trajo los violines fragmentarios, yuxtapuestos, marcando los planos frontales del espacio virtual que libera el cuadro. Otra vez fueron los panes y los vasos, flotantes, multiplicados al infinito, desafiando en los lugares por ellos mismos instituidos, toda la gravedad de la tierra, como si habitáramos en Tlon, Uqbar, Orbis Tertius. También hubo un tiempo de zapatos y zapatillas, numerosos, amontonados, inquietantes testigos de sus dueños ausentes. ¿Desaparecidos? Antes habían sido paquetes olvidados, sin rastros de gente a su alrededor, macizos y fantasmales a la vez en su circunstancia vacía.
En todos estos periodos de su pintura, Jesús Marcos parece acentuar dos aspectos de la experiencia –eso al menos es lo que queda en la recepción del contemplador- ; primero, que la realidad se construye como núcleo invariante de la infinita variedad de las percepciones múltiples – como lo enseño teóricamente la fenomenología de Husserl; y lo realizo pictóricamente el cubismo en las primeras décadas de este siglo que llega a su final-; segundo, que la mirada imaginante, a partir de los fragmentos, y precisamente gracias a ellos, aprehende en su entorno temporal la forma esencial del violín único, el arquetipo platónico, el pan primigenio, el vaso, el calzado….
Esas imágenes indicaban además un usuario curiosamente ausente. El violinista, el sembrador del trigo y de la vid, el caminante, el viajero….
Ahora en esta nueva exposición, Jesús Marcos se vuelve directamente al hombre, al hombre que también aparece fragmentario, o mejor dicho, ambiguamente dislocado en los trapecios del circo, mundo mágico engarzado en otro mundo mágico del cuadro, en una lograda mise en abyme que desenmascara brutalmente la equivoca situación del ser humano en la sociedad actual.
Enfrentada a esos hombres y mujeres contorsionados, destacados sobre una paleta más sutil que las anteriores, más adecuada a la creación de este ambiente de recuerdos y expectativas, el espectador titubea, y vuelve para contar todos los miembros de los personajes: ¿son un hombre y una mujer eso que se columpia en el trapecio, faltan o sobran piernas y brazos en esas alturas que proyectan su sombra sobre la arena y los sospechados espectadores?
Pero así como los fragmentos de la percepción, en su variación imaginaria, devolvían a la postre la imagen esencial de lo expuesto, estos huidizos miembros de hombreas y mujeres, las entrecruzadas piernas, los evasivos torsos y los entreverados brazos, captados en la emoción estética de esos bien logrados cuadros de Jesús Marcos, denuncian la realidad de los seres que no logran llegar nunca a su posible identidad. No logran desarrollar su verdadero ser, dentro de un sistema que tan solo los acepta como payasos en el circo, como equilibristas, como aquel “artista del hambre” de Kafka.
En otros tiempos, un cuadro como la gran “Trilogía azul” habría sido metáfora del hombre y de sus ángeles, convertidos todos en volatineros trashumantes.
Sin embargo, desde el dolor de la existencia desgarrada, esos seres flotantes sobre la arena del circo se acercan quizás más a nuestros prójimos, a nosotros mismos. Que las prolijas imágenes de los triunfadores reproducidas al infinito por los medios masivos de comunicación.
Las figuras de los cuadros de Jesús Marcos, paradójicamente no son “realistas” ni “abstractas”: son como pantallazos de recuerdos ligados a la expectativa de un futuro posible pero difícil. No se refieren de modo inmediato y directo a las cosas; pero son reconocibles como alusiones. Las formas y los colores de Jesús Marcos también se balancean como las sugeridas figuras, porque maneja los medios pictóricos como el poeta las palabras: no para designar en un discurso directo las cosas habituales, sino para connotar un mundo: las palabras – las formas, los colores – cobran entonces una dimensión substancial, y configuran ritmos, rimas, armonías y sonoridades, de los que surge aquella atmosfera ficticia en la cual únicamente puede hacerse presente lo humano.
Los cuerpos distorsionados, contorsionados, entrecruzados, no horrorizan pues su irrealidad pictórica primero conmueve, y luego urge a la pregunta. Como dice Milan Kundera hablando de los rostros de Francis Bacón, conjuran “una interrogación sobre los límites del yo”. Así, pues, nos preguntamos piadosamente, mientras la filosofía de nuestros días se enfrenta a las aporías de un ser de quien no logra definir la substancia, mientras la sociedad no consigue - y quizás no intenta - contentar a todos los individuos sin discriminaciones ni exclusiones, ¿Cuándo se detendrá el balanceo del trapecio? ¿Cuándo esas figuras ambiguas y atemorizantes podrán reposar en verdadera y completa identidad?
La emoción estética que trasmiten estos cuadros de Jesús Marcos reitera las pasiones básicas que ellos mismos suscitan a la vez purifican, como el espectáculo de la tragedia, según enseñaba Aristóteles: compasión y terror; compasión por el sufrimiento ajeno; terror porque ese sufrimiento nos involucra.
Ver al desnudo ese mundo sin conciliación, esos interrogantes encarnados en los involuntarios contorsionistas, acaso contribuya a que cada cual cobre conciencia de cuán lejos estamos aun de un mundo humanamente habitable.

Mario Presas
Profesor de Estética de la Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de la Plata: y facultad de filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.
Prologo para exposición en galería Palatina, Buenos Aires, octubre de 1999.


LOS GRABADOS DE JESUS MARCOS

Jesus Marcos (1938) nacido en Salamanca, artista de vasta trayectoria, expone en el Fondo Nacional de las Artes una faceta no muy difundida -la de grabador- iniciada en 1966. tanto en su pintura como en los grabados, su característica es la fragmentación de la imagen, figuras dislocadas, instrumentos musicales que paradójicamente se ensamblan en el centro del plano. Hacia fines de los 60 no puede soslayar la influencia del arte pop con sus vibrantes rojos y azules publicitarios, xilocollages en los que utilizó la técnica del gofrado. En la etapa actual, también xilocollages, destacamos ¨Espacio ocupado¨ ¨Estructura espacial¨ ¨Sonata para dos violines¨; si bien sigue fiel a la fragmentación, ésta ocupa casi todo el soporte haciendo ahora alarde de una serie de recursos táctiles pero de sutil apariencia. Esta disciplina le permite a Jesús Marcos, abordar sus temas con mayor ambigüedad y misterio.

Laura Feinsilber, Nota en Ámbito Financiero, Buenos Aires, 27 de agosto de 1998.


JESUS MARCOS

"(...) Artista probo, diversas corrientes de la plástica lo condujeron a una visión que radica en la realidad a la que transfigura fundado en hechos y cosas cotidianos. Paquetes, Botas, Tazas, Panes, Copas, Muñecos integran su temática. El dibujo, el claroscuro, el plano, el volumen y el color se ven sometidos al rigor espacial. Marcos se expresa con claridad. Estructura con inteligencia los elementos del cuadro, dotándolos de una dosis de subjetivismo y aun de onirismo (...)"

Romualdo Bruguetti, (Nueva Historia de la Pintura y la Escultura en la Argentina) Buenos Aires, 1994.


JESÚS MARCOS LA REALIDAD COMO ABSTRACION

Uno de los problemas que debe enfrentar el artista al crear la imagen plástica es el de poder reflejar la espontaneidad de la visión. Vale decir, recoger en su obra ese golpe de vista con que nos relacionamos con las cosas en la primera percepción que tenemos de ellas. Y es entonces cuando el creador tropieza – como lo señalara Paul Cézanne – con una situación contradictoria: mientras los objetos permanecen estáticos, la mirada se manifiesta dinámica. ¿cómo conciliar esta relación dispar?
Por otra parte, sabemos que el arte moderno ha puesto al descubierto el mundo rico y a la vez complejo de la percepción visual. La realidad y sus apariencias; la ambigüedad de la visión y de los sentimientos, su fugacidad y sus situaciones cambiantes; la condición ilusoria del arte y el juego constante de mostrar y ocultarlo todo.
Ya los grandes artistas del Renacimiento, sus arquitectos y sus matemáticos se plantearon los problemas de perspectiva y las posibilidades de visión dadas por los distintos puntos del espacio en donde nos situamos. El escorzo, el trompe d’oeil han sido utilizados en el arte pictórico con intenciones muy diversas; tanto para afianzar la representación realistas como para negarla.
Valga esta introducción para acercarnos a la pintura de Jesús Marcos, un artista que trabaja con todos estos elementos desarrollándolos con notable riqueza. El predominio del objeto y referencias realistas en ella puede inducir a equívocos.
Si lo circunscribiéramos a esa condición de pintor realista le estaríamos restando lo sustancial de su obra; tan compleja por los distintos aspectos que presenta. Por lo demás, ello no alcanzaría a explicar el fragmentarismo de sus figuras, o la imagen duplicada y multiplicada de algunos de sus objetos. En esta muestra se ve particularmente ello en la forma de los violines. El fragmentarismo nos brinda una visión parcial de los objetos, y su disposición, que
los acumula fuera de un orden realista, responde – del mismo modo – a una cuestión perceptiva. Marcos juega, por así decirlo, con la noción de anamorfosis al establecer las relaciones de las imágenes en función de los puntos de perspectiva. Este hecho, lejos de cerrarlas, las abre en varias dimensiones de lo imaginario, valiéndose del espacio virtual. La frontalidad dominante de casi todas sus obras contribuye a esta apertura.
Con estos recursos Jesús Marcos pone en evidencia que la obra de arte se origina en la percepción y se resuelve en el campo del pensamiento.
Todo ocurre dentro de mí, se piensa en mí. Juego intersubjetivo por excelencia, que va de la realidad a la abstracción, de la percepción sensible al pensamiento.
Por eso Jesús Marcos dista de ser un pintor realista, como muchas veces se lo clasificó, ya que sus objetos no tienen validez en si mismos, sino en cuanto son vividos por el sujeto. La pintura que produce es un vínculo de un yo a otro yo. En un encuentro de espíritus.
Su propio método de trabajo, partiendo de planos de color que se van formalizando después, hacen que el objeto sea una aparición tardía al momento de configurar su obra. También lo decía Cezanne “cuando se logra el color aparece la forma”.
Sabemos finalmente, que el sentido de las obras de arte no es patrimonio de nadie; ni del creador, ni de los interpretes o receptores. Como el deseo, combina presencia y ausencia, manteniendo siempre latente esa dualidad. Jesús Marcos logra ponerlo de manifiesto en sus pinturas.

Fermín Fevre Prologo catálogo Galería Soudan, Buenos Aires 1993.


JESUS MARCOS, SUEÑO Y REALIDAD

Jesús Marcos es un diestro. Maneja con holgura los procedimientos más tradicionales del arte pictórico que lo conducen desde el óleo a las técnicas mixtas, siempre sustentado por un impecable dibujo. Si bien su arte es notablemente figurativo, la importante dosis de realismo que contiene, está puesta al servicio de imágenes truncadas, que no por insólitas resultan caprichosas.
A Marcos le interesa jugar con el tema de las perspectivas múltiples y de los planos truncos, con elementos que flotan en el espacio, que surgen con la pujanza del trompe de l´oeil, dando por momentos a su pintura el sabor de los más clásicos maestros. En última instancia lo que aquí acontece es un juego entre la realidad y lo imaginario, una suerte de ilusión óptica a la que nos prestamos gustosos ya que el artista logra hacernos cómplices de la revelación de su intimidad. ¿Cuál es el límite sutil que separa lo real de lo soñado? En esta ambigüedad, Marcos nos hace creer que las pistas de lo cotidiano son menos soñadas que las del resto de sus composiciones, pero lo cierto es que todo pertenece al plano de lo estético, esto es, de lo trascendente. Se trata de algo así como la obra teatral que introduce Shakespeare dentro de su Hamlet. Ello da aún mayor credibilidad a los personajes del drama, los hace por así decirlo, más corpóreos, pero en verdad todos son el producto de la ficción. Jesús Marcos también plasma cuadros dentro de sus cuadros, tan solo que no lo hace como algunos posmodernistas para establecer la simultaneidad de los estilos sino que sin introducir fragmentos de imágenes de pinturas archiconocidas. El se cita a si mismo, confiado a la viabilidad de sus propias visiones. Cabria meditar en torno a los resortes de una inspiración tan singular.
Aunque español, Marcos ha vivido los más de sus años en Nuestra América. Conoce bien México y la Argentina, donde reside. Creo que parte de su ambigüedad está dictada por esta doble pertenencia. Como crítico americano lo veo más cerca de España, pero no por ello dejo de reconocer elementos que lo ligan a nuestra tierra. Creo que el empleo de los colores y de la luz y en sus consecuencias atmosféricas Jesús Marcos está estrechamente emparentado con la creatividad de nuestro continente, pero en sus intuiciones espaciales se me revela como netamente europeo. Se trata de espacios limitados como quería Cezanne, espacios más humanos, menos cósmicos que los que proponen pampa y cordillera. No es la suya, empero un alma escindida, esquizofrénica, todo lo contrario, el suyo es un triunfo de la integración, de enriquecimiento, de incorporaciones. Y ello es así porque como todo auténtico creador Jesús Marcos es dueño del núcleo central de una fuerte personalidad, capaz de incorporar, sin desnaturalizarse.
Siempre pensé que era un artista de excepción. Cada año que pasa es una confirmación de aquella, mi primera impresión.

Rafael Squirru. Prologo para catalogo de exposición en galería Luisa Torres, Valencia, España. 1992



Década del '80



EL DIBUJO DE JESUS MARCOS

México, Nueva York, París, jalonaron el largo deambular de Jesús Marcos, artista español formado en la Argentina. Cada instalación -que creía breve- lo llevaba en su presunta urgencia temporal al lenguaje del dibujo. Dos razones pesaban en la opción: la posibilidad del registro rápido de una realidad acuciante y nueva, y la facilidad de ejecución que no necesita de un taller estable. Las estadías se prolongaban más de lo previsto dando tiempo a la multiplicación de los dibujos. A la hora de la partida fueron éstos, los dibujos, quienes acompañaron a Marcos en su peregrinaje y hoy son el mejor y más seguro registro de su evolución estética.
Las obras reproducidas son piezas de distinta data y fueron elegidas a fin de trazar un desarrollo conceptual que va desde las fechadas en la década del setenta hasta las más recientes. El periodo de tiempo involucrado determina cambios substanciales de recursos y tratamiento, pero es innegable que un hilo conductor asegura la filiación. Diríase que un planteo de tensión entre espacio y forma es acometido desde diferentes ángulos de resolución. Así los datos obtenidos de la realidad sensible son procesados mediante fragmentaciones, metamorfosis y transformaciones que van desde la composición trabada, casi sin atmósfera, a la invasión del fondo sobre la forma. La complejidad compositiva es siempre elevada y Marcos sale airoso de estos planteos riesgosos.
Cuando recurre al color éste actúa sin estridencias, al modo de iluminación de la gráfica. Pero es en la severidad del registro de valores donde el artista desarrolla en plenitud sus propuestas. Lo acompaña el sólido aporte de la composición que en su caso conoce los rigores de la lección cubista. A partir de ella puede levitar las formas, transformar la gravitación, eximir de pesantez a los volúmenes; o transformar en signo trágico la acumulación de calzados, dándoles un protagonismo absoluto que reconoce su ilustre antecedente en los zuecos que dibujara el holandés Vincent Van Gogh. Una vez más el arte participa de la metáfora poética y reitera su condición de significante más allá de la representación, de la figuración, que le sirve de vehículo.

Elba Pérez “40 Dibujantes Argentinos”, Ediciones Actualidad en el Arte, Buenos Aires 1987.


EL PINTOR JESUS MARCOS, UN ALMA AGRADECIDA Y UN ARTISTA COMPLETO

Jesús Marcos es un alma agradecida. Así lo demuestra el prologo que escribió para la muestra en Vermeer, el año pasado, en el cual nos confiesa que se trata de un homenaje a sus maestros, que pasa a enumerar “Castagnino me hizo descubrir la “pintura”, y amar el oficio, amar el arte. Berni, tener una actitud frente al arte, frente a la vida, tomar la pintura como una provocación. Petorutti me hizo ver la luz. Vermeer, el clima, lo atemporal de la creación, una aproximación al modo de atrapar el tiempo. En Van Gogh sentí como en nadie la emoción, el sentimiento, la carga emotiva. Zurbarán fue el orden, la medida, la sobriedad, el numero. Velázquez, la atmosfera, el aire, la finura de la realidad, la grandeza del color. El color lo vi en Renoir y en esas ganas de pintar, de amar la vida, la pintura, esa sensualidad… En Goya admire la fuerza, el empuje, la vitalidad, la dinámica. En Picasso, la afirmación del ser, la estructura la tensión, y podría agregar, Leonardo, Rembrandt, los Pop norteamericanos”…
Visitar su taller por el barrio de Palermo Viejo o sus vecindades, calles arboladas, la paz dominical, es como una excursión campestre, tal la serenidad de su estudio en ese ambiente quieto. Desfilan las obras de este argentino de 48 años, nacido en Salamanca, que en su primera adolescencia devastaba maderas para un escultor que luego las terminaría policromadas. A los 14 años lo tuvimos en Bahía Blanca y a los 19 en Buenos Aires, por sugestión de Castagnino, a quien agradece el verdadero descubrimiento del arte, y también Berni en cuyo estudio trabajo algunos meses.
Después vendría México, donde hizo lo propio con Siqueiros, y más tarde Nueva York y Paris. Hasta su retorno definitivo a Buenos Aires en 1972, desde donde no interrumpió su espíritu viajero.
Ante mis ojos desfilan telas de todos los periodos a partir de los años 60, primero con orientación cubista, que después se hará pos cubista. De allí al expresionismo que desarrolla en México con algunos grabados en relieve con reminiscencias de Berni. Después el expresionismo se va haciendo más constructivo.
Hacia la década del 70 la imagen se recorta asemejándose al “collage” y produce un clima surrealista.
Considero que 1975 es el año a partir del cual Jesús Marcos ya es incuestionablemente Jesús Marcos, con su serie de “Paquetes”, que en pintura marcan un hito tan significativo como el de Chamberlain en escultura. A los “Paquetes” se añadirán figuras de vuelo lirico y aparecerán botas y almohadones sobre un fondo recortado. Después “tazas”, que también desafían la ley de gravitación.
En la década del 80 seguirán “panes” y “copas” hasta que en la Bienal de México de 1983 se establece la figura humana con miras a no alejarse. La primera Bienal, dedicada a la naturaleza muerta en 1986, lo incita a incursionar en” muñecos”.
Marcos es ya un artista instalado en su propio estilo, dueño de una solvencia no cuestionable respecto del empleo de los medios. Pinta al oleo, dibuja y graba con igual soltura. Su arte es generoso como su persona, no escatima esfuerzos para brindarnos todo lo que sabe, todo aquello de lo que es capaz. Su presencia en nuestro ambiente es una influencia benefactora y nos congratulamos que su espíritu andariego haya recalado en esta extraña ciudad junto al rio, tan extraña y tan sugestiva como los son, en otro orden de realidades, sus propias pinturas. Jesús Marcos es un artista completo para sensibilidades que no temen la integridad.

Rafael Squirru, fundador y primer director del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Nota del diario La Nación, Buenos Aires, 1987



Década del '70



LAS DOS VERTIENTES EN LA PINTURA DE JESUS MARCOS

Mundo extraño, obsesionante, el de Jesús Marcos. Y decir, como en su caso, que un pintor tiene mundo, equivale a haber expresado, tal vez, uno de los rasgos esenciales de la creación. Ya que la hay, solo en proporción relativa, cuando el lenguaje, la modalidad de la expresión, en una palabra, el estilo, solo son, también relativamente personales. No sucede así con él ni con su obra. Envuelta persistentemente en una atmosfera de misterio, casi hasta de alucinación, esta obra, pacientemente madurada, alejada de los halagos más fáciles -pero no hermética, incomprensible ni clausurada- atrae con irresistible magnetismo.
Habla de soledad, de turbación, de angustia. Se encuentra -por fortuna- en las antípodas de lo decorativo, de lo fácil, de lo ornamental. Es abrupta pero -y no hay contradicción en esto- se entrega con ternura, cuando se aprende a verla, a sentirla, cuando se vibra y se palpita con ella. Es cuestión de saber entrar; y para la pintura no hay camino de ingreso, más directo y más gratificante, que ese, el de saber verla.
Jesús Marcos -que viene de cumplir con una trayectoria de reconocida vigencia en el extranjero- es personal sin forzarse, y eso se debe a que, con toda naturalidad, responde en cada una de sus telas a las exigencias que, interiormente lo urgen. Laborioso en el diseño, equilibrado en la composición, seguro en sus gamas que no se deleitan con el goce del color en sí, sino que antes bien están como sofrenándolo, como sometiéndolo, y esquivo a intensificar los valores por eso mismo, porque quiere hablar espontáneamente, sus cuadros reviven visiones, el siempre elusivo mundo de los sueños, de cuya madera, como afirma Shakespeare, estamos hechos. Irreal, pero no surrealista. Su poesía -por que la tiene, ceñida y áspera- se da, en consecuencia, después de un largo asedio. Captarla, aprehenderla, volverla propia, es la mejor de las recompensas de una pintura que, como la suya, participa por igual de lo fantástico y lo alegórico por una parte, y de lo cotidiano y lo tangible por la otra.

Cesar Magrini Prologo de la exposición individual de Jesús Marcos en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires - Agosto de 1976.
Publicado en Arquitectura & Ingeniería, Caracas junio de 1978


JESUS MARCOS LA MULTIPLICACION DEL ESPACIO

En los cuadros de Jesús Marcos: ¿un mundo se desintegra o está comenzando a integrarse? Sin duda es esta una de las problemáticas fundamentales no solo de su arte, sino de la plástica contemporánea: capturar en el plano, esa experiencia espacial cargada de dinamismo, ahora que toda quietud está cuestionada, por una conciencia que sabe que la identidad de cuanto la rodea, no se completa en su reposo.
Marcos tiene un fuerte impulso hacia lo real; al extremo de que en su pintura, las representaciones si bien parecen fragmentadas, esos fragmentos están elaborados pictóricamente -y dentro de las leyes del plano- con un grado de fidelidad a lo denotado, verdaderamente objetivo. Es decir, no somete los objetos a una subjetividad que los estilice; lo que aquí ha sido sometido a su fuerte subjetividad, es el espacio virtual del cuadro. En este sentido, puede decirse que su arte comienza, cuando la duda acerca del reposo, introduce una especie de crispación que provoca un fuerte impacto, creando una pura contingencia. Ya no hay reposo, la vista se ve obligada a recorrer ansiosa el cuadro, para juntar los fragmentos, para buscarles su ubicación. Pero el plano del fondo ha mandado una zona hacia el frente, el frente mando otra zona hacia el fondo y en este juego de ida y vuelta, ha creado una poética que por momentos interpenetra espacios que al partirse se multiplican creando gran cantidad de perspectivas.
Así como los pintores cubistas -de quien Marcos obviamente aprendió mucho- necesitaban despedazar los objetos para ubicarlos en las bidimensiones y mostrar así una multitud de puntos de vista del objeto en reposo, ofreciendo de golpe la totalidad de la imagen; él sabe que la identidad de las cosas más que en el reposo, quizás radique en el movimiento, en esos momentos entre dos puntos en reposo. El espacio así partido muestra distintos momentos del desplazamiento de los objetos, o sea, aquí se ha introducido la temporalidad y esta multiplicación espacial es la suma de distintos tiempos del objeto.
De cierto modo Marcos es un pintor barroco, no porque tenga horror al vacío y llene el espacio del cuadro de objetos, sino porque sabe que el espacio ya está lleno por el horror del tiempo y aunque haya pocos objetos estos lo ocupan con su movimiento, creando verdaderos laberintos, como si las cosas tuvieran memoria de otros momentos de sí mismas, donde estuvieron allí, mas acá o mas allá.
Esta pintura se inserta dentro de la corriente desintegradora de la imagen real, pero con un fuerte impulso a componerla. Es decir: Cezanne comienza a generar un nuevo espacio del plano, que si bien tiene cierta ilusioriedad, no es el tradicional espacio perspectivo. A partir de aquí ya queda cuestionado el espacio tradicional y el objetivo va sufriendo todas las alternativas que los distintos espacios van ofreciendo para la representación. Nos referimos aquí a la pintura figurativa.
La imagen de Jesús Marcos. Forma parte de esa corriente que retomando el espacio virtual perspectivo con todas sus leyes lo parte para jugar arbitrariamente sus necesidades plásticas, creando una magia espacial, o sea (y aquí va la respuesta a la primera pregunta de este texto) se compone de un impulso hacia el espacio tradicional y de esa conciencia contemporánea antes aludida de negarse a la ilusión de ese espacio.
El resultado de este universo visual no exento de dramatismo por las poderosas violaciones que han fundido sillas con mesas, flores de empapelados con tazas, paredes equivocas que se introducen en la figura humana que esta metamorfoseada con el sillón y toda una sensación de inestabilidad y equivocación que ha turbado para siempre el silencio del reposo, para transformarse en un lenguaje que habla de la contundencia dinámica de cuanto nos circunda.

Raúl Santana Prologo para exposición en Galería Birger, Buenos Aires, 1976.
Publicado en Arquitectura & Ingeniería Caracas, julio de 1978.
Publicado en el libro “Huellas del ojo” Mirada al Arte Argentino, Raúl Santana, Buenos Aires 2005



Década del '60



JESUS MARCOS

¨(...) La obra de Marcos, se mueve al borde de la tragedia, pero al igual que Godard en cine, mediante una cabriola plena de ironía hace surgir la sonrisa, vital síntesis de los opuestos(...)¨

Bernard Ceysson, director del Museo de Saint Etienne, Prologo de la exposición “Arte experimental” Museo de Saint Etienne 29-10-69


DIAS RICOS EN PINTURA

Jesús Marcos. OPIC (Organización para la Difusión Internacional de Cultura).

Nuevamente ante la obra de este artista hispano-argentino, hallamos y manifestamos lo que siempre nos ha inducido a afirmar: que se trata de un bárbaro sentimental, escudriñador de nuestras bárbaras realidades.
Su porte es el de un fino filosofo que comprende sin entender la extraña vorágine que nos lleva de cabeza, frente a la cual realiza considerables esfuerzos encaminados a fijar, a fundamentar bases humanas. Del no acabar de asir dicha vorágine proviene la violenta reacción pictórica, como le ocurriría al matemático incapacitado de resolver problemas aparentemente sencillos. La furia de Marcos su llamémosle barbarismo, no es, pues, otra cosa que el turbador debate con lo inexplicable.
Pero lo explica con su aplomado talento, con su lujuriosa imaginación y ávida sensibilidad. Con todo esto debidamente amalgamado obtiene las dinámicas composiciones donde el ser humano presta simbólicos fragmentos a los fragmentos de la actualidad que le constriñen a desaparecer del primer plano: maquinas, vertiginosas alusiones asimétricas, laberintos ideales y alcaloides científicos, son los forzados compañeros de jornada de ese ser que no se halla en la rápida carrera a que se ve empujado, con tanta exaltación como desorientado propósito.
Jesús Marcos, nacido en pleno estampido de cañón y llegado a la primera madurez oyendo sin cesar mas cañonazos, y observando sucesos raros en el universo todo, es un excelente intérprete de ese estado de cosas absurdo que nos atomiza. Dijimos de él en otra ocasión -y lo repetimos con mayor conocimiento de causa- que es un estupendo pintor entre los que se distribuyen el honor de haber reorganizado con su fe contemporánea la sensibilidad universal, mediante imágenes e ideas consanguíneas a nuestro permanente estado dual de fácil fraternidad y difícil combate. Que no es poca cosa.

Enrique F. Gual (Director del Museo de San Carlos, México D.F.)
Nota en diario Excélsior, México, D.F. domingo 23 de octubre de 1966


DE VARIAS EXPOSICIONES ACTUALES

En el vestíbulo de la casa de la Paz, semillero de actividades culturales y artísticas del OPIC, se suceden las exposiciones. Ahora cuelga allí sus cuadros un visitante argentino, oriundo de España: Jesús Marcos, que es además, joven (nació en 1938). El arrojo y el vigor expresionista con que aborda temas relacionados con la vida de una gran urbe (¿Buenos Aires?) intrigan, pues como apunta Enrique F. Gual en el prologo del catalogo, parecen ser obra de un hombre de más edad, Acaso el impacto americano (de nuestra América claro) es responsable de su reacción dramática. Eso lo dramático, impera en una producción de gran riqueza. Y hay otra cosa , la fusión acertada de lo antropomórfico y planos abstractos de gran colorido. La acción parece primar en èl sobre otros valores. Los signos reales, los objetos que incorpora a las imágenes, casi de un neo futurismo a lo Boccioni o Severini, se ven inspirados en un pop-art, suy generis. La paleta que usa es vibrante, muy luminosa.
Su interpretación del hombre, aherrojado por trabas mecánicas creadas por el mismo, obedece a un seguro impulso en perfecta correspondencia con la largueza de la técnica empleada.

Jorge J. Crespo de la Serna, nota en el diario El Día, México D.F. 17 de octubre de 1966


LOS DIBUJOS DE JESUS MARCOS

“(….) Marcos es un dibujante excepcional, que ha vuelto la cabeza hacia una expresión desencajada. El trazo hiriente de las formas es forzado a expresarse fieramente, por medio de líneas y manchas negras que describen actitudes existenciales. Sus dibujos sin ser realistas son anatomías autenticas del presente. La forma de su obra se encierra en un neo-humanismo original y decantado, como esperanza segura hacia el futuro” (….)

Roberto Cabrera, diario El Imparcial, Guatemala 21/6/66